Contrato Coloriuris El Borrador de Papel: Anecdotas
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 ¡¡El hombre es un lobo para el hombre!!


Hoy un pequeño fragmento literario de Bertolt Brecht de "Historias de almanaque"

Como bien saben mis lectores y a los que no lo son les cuento, no me gusta poner fragmentos literarios ni videos porque suelen entenderlo algunos o parecerme solo bello a mi y no a otros, pero creo este todos lo entenderán.

Es un poco el reflejo de como no estamos tan lejos de ser igual a los animales, solo parece nos separa algo que se llama cultura pero que al fin de cuentas no lleva siempre a comportarnos como animales.

Como diría Hobbes "el hombre es un lobo para el hombre"

Y este es el fragmento:

— Si los tiburones fueran hombres -preguntó al señor K. la hija pequeña de su patrona- ¿se portarían mejor con los pececitos?
— Claro que sí -respondió el señor K.-. Si los tiburones fueran hombres, harían construir en el mar cajas enormes para los pececitos, con toda clase de alimentos en su interior, tanto plantas como materias animales. Se preocuparían de que las cajas tuvieran siempre agua fresca y adoptarían todo tipo de medidas sanitarias. Si, por ejemplo, un pececito se lastimase una aleta, en seguida se la vendarían de modo que el pececito no se les muriera prematuramente a los tiburones. Para que los pececitos no se pusieran tristes habría, de cuando en cuando, grandes fiestas acuáticas, pues los pececitos alegres tienen mejor sabor que los tristes. También habría escuelas en el interior de las cajas. En esas escuelas se enseñaría a los pececitos a entrar en las fauces de los tiburones. Estos necesitarían tener nociones de geografías para mejor localizar a los grandes tiburones, que andan por ahí holgazaneando.
Lo principal sería, naturalmente, la formación moral de los pececitos. Se les enseñaría que no hay nada más grande ni más hermoso para un pececito que sacrificarse con alegría; también se les enseñaría a tener fe en los tiburones, y a creerles cuando les dijesen que ellos ya se ocupan de forjarles un hermoso porvenir. Se les daría a entender que ese porvenir que se les auguraba sólo estaría asegurado si aprendían a obedecer. Los pececillos deberían guardarse bien de las bajas pasiones, así como de cualquier inclinación materialista, egoísta o marxista. Si algún pececillo mostrase semejantes tendencias, sus compañeros deberían comunicarlo inmediatamente a los tiburones.
Si los tiburones fueran hombres, se harían naturalmente la guerra entre sí para conquistar cajas y pececillos ajenos. Además, cada tiburón obligaría a sus propios pececillos a combatir en esas guerras. Cada tiburón enseñaría a sus pececillos que entre ellos y los pececillos de otros tiburones existe una enorme diferencia. Si bien todos los pececillos son mudos, proclamarían, lo cierto es que callan en idiomas muy distintos y por eso jamás logran entenderse. A cada pececillo que matase en una guerra a un par de pececillos enemigos, de esos que callan en otro idioma, se les concedería una medalla de varec y se le otorgaría además el título de héroe.
Si los tiburones fueran hombres, tendrían también su arte. Habría hermosos cuadros en los que se representarían los dientes de los tiburones en colores maravillosos, y sus fauces como puros jardines de recreo en los que da gusto retozar. Los teatros del fondo del mar mostrarían a heroicos pececillos entrando entusiasmados en las fauces de los tiburones, y la música sería tan bella que, a sus sones, arrullados por los pensamientos más deliciosos, como en un ensueño, los pececillos se precipitarían en tropel, precedidos por la banda, dentro de esas fauces.
Habría asimismo una religión, si los tiburones fueran hombres. Esa religión enseñaría que la verdadera vida comienza para los pececillos en el estómago de los tiburones.
Además, si los tiburones fueran hombres, los pececillos dejarían de ser todos iguales como lo son ahora. Algunos ocuparían ciertos cargos, lo que los colocaría por encima de los demás. A aquellos pececillos que fueran un poco más grandes se les permitiría incluso tragarse a los más pequeños. Los tiburones verían esta práctica con agrado, pues les proporcionaría mayores bocados. Los pececillos más gordos, que serían los que ocupasen ciertos puestos, se encargarían de mantener el orden entre los demás pececillos, y se harían maestros u oficiales, ingenieros especializados en la construcción de cajas, etc. En una palabra: habría por fin en el mar una cultura si los tiburones fueran hombres.
Creo que este fragmento nos invita a reflexionar en tantas cosas que bajo un velo de cultura nos llevan a la vil sentencia de que somos mas animales q los animales, pues ellos hacen las cosas que hacen por instinto, nosotros las hacemos con razón, inteligencia y premeditación y con todas estas herramientas somos mas culpables que los primeros por seguir haciéndolo.

"este fragmento lo descubrí del libro "La Filosofía, una invitación a pensar" de Jaime Barylko si quieren tener un buen libro de filosofía en casa que sea breve y que enseñe todo lo que uno debe saber de esta madre de todas las ciencias, los invito a lo consigan porque es hermoso."


Nos vemos pronto!
¡¡Desde otro punto de Vista!! 
Caperucita Roja y Los 3 Cerditos
pero ahora 
Contadas por el Lobo




A veces nos encerramos en una idea, porque el que nos cuenta quieren que hagamos eso, otras tildamos de bueno a uno y de malo al otro porque solo escuchamos una campanada de la historia. Lo cierto es que todos alguna ves cometimos el error de no dar el derecho a replica al otro y escuchar solo la historia contada por una de las partes, que claro, por contarla este siempre se victimizara y querra demostrar que tuvo la razon. Esto se ve claramente en los tribunales en casos de abogados, pero en realidad lo podemos ver mas cerca aun. Por eso les traigo dos historias que todos conocemos la de Caperusita Roja y la de Los 3 Cerditos, pero esta vez contada por el Lobo de la historia.

Para quienes no allan leido los cuentos originales les dejo un link para que lo hagan (Caperucita Roja) y (Los 3 Cerditos)

Y ahora sí, los invito a leer los cuentos contados por el lobo y a reflexionar que "todo no es lo que parece":

Caperusita roja contado por el Lobo:


El bosque era mi hogar. Yo vivía allí y me gustaba mucho. Siempre trataba de mantenerlo ordenado y limpio.

Un día soleado, mientras estaba recogiendo las basuras dejadas por unos turistas sentí pasos. Me escondí detrás de un árbol y vi venir una niña vestida en una forma muy divertida: toda de rojo y su cabeza cubierta, como si no quisieran que la vean. Andaba feliz y comenzó a cortar las flores de nuestro bosque, sin pedir permiso a nadie, quizás ni se le ocurrió que estas flores no le pertenecían. Naturalmente, me puse a investigar. Le pregunte quien era, de donde venia, a donde iba, a lo que ella me contesto, cantando y bailando, que iba a casa de su abuelita con una canasta para el almuerzo.

Me pareció una persona honesta, pero estaba en mi bosque cortando flores. De repente, sin ningún remordimiento, mató a un mosquito que volaba libremente, pues también el bosque era para el. Así que decidí darle una lección y enseñarle lo serio que es meterse en el bosque sin anunciarse antes y comenzar a maltratar a sus habitantes.

La dejé seguir su camino y corrí a la casa de la abuelita. Cuando llegue me abrió la puerta una simpática viejecita, le expliqué la situación. Y ella estuvo de acuerdo en que su nieta merecía una lección. La abuelita aceptó permanecer fuera de la vista hasta que yo la llamara y se escondió debajo de la cama.

Cuando llegó la niña la invite a entrar al dormitorio donde yo estaba acostado vestido con la ropa de la abuelita. La niña llegó sonrojada, y me dijo algo desagradable acerca de mis grandes orejas. He sido insultado antes, así que traté de ser amable y le dije que mis grandes orejas eran par oírla mejor.

Ahora bien me agradaba la niña y traté de prestarle atención, pero ella hizo otra observación insultante acerca de mis ojos saltones. Ustedes comprenderán que empecé a sentirme enojado. La niña tenía bonita apariencia pero empezaba a serme antipática. Sin embargo pensé que debía poner la otra mejilla y le dije que mis ojos me ayudaban para verla mejor. Pero su siguiente insulto sí me encolerizo. Siempre he tenido problemas con mis grandes y feos dientes y esa niña hizo un comentario realmente grosero.

Se que debí haberme controlado pero salté de la cama y le gruñí, enseñándole toda mi dentadura y diciéndole que eran así de grande para comerla mejor. Ahora, piensen Uds.: ningún lobo puede comerse a una niña. Todo el mundo lo sabe. Pero esa niña empezó a correr por toda la habitación gritando y yo corría atrás de ella tratando de calmarla. Como tenía puesta la ropa de la abuelita y me molestaba para correr, me la quité pero fue mucho peor. La niña gritó aun más. De repente la puerta se abrió y apareció un leñador con un hacha enorme y afilada. Yo lo mire y comprendí que corría peligro así que salté por la ventana y escapé.

Me gustaría decirles que este es el final del cuento, pero desgraciadamente no es así. La abuelita jamás contó mi parte de la historia y no pasó mucho tiempo sin que se corriera la voz que yo era un lobo malo y peligroso. Todo el mundo comenzó a evitarme.

No se que le pasaría a esa niña antipática y vestida en forma tan rara, pero si les puedo decir que yo nunca pude contar mi versión. Ahora Ustedes ya lo saben.
Fuente: 7calderosmagicos.com.ar


Los 3 Cerditos contado por el Lobo: 
 

No entiendo por qué nos tienen que poner a los lobos como seres despreciables, malvados y feroces. Yo soy un animal pacífico y solitario; no me gusta meterme con nadie. El problema es que que a todos los lobos se nos utiliza como si fuéramos marionetas. Sí, sí... Como lo oís. Veréis: A mí me ocurrió que , un buen día de primavera, iba paseando por el bosque. Atisbé en la lejanía una pequeña casa hecha de paja. Me acerqué. Aquel día estaba yo fatal de la alergia y, para colmo, la casa estaba situada entre olmos. Llevaba todo el día estornudando y al llegar a la casa, me dio un cosquilleo en el hocico. Estornudé. Pude sentir cómo tembló la casa y se cayó. Descubrí a un cerdo aterrorizado sentado en un sofá marrón sentado junto a un televisor apagado. Me miró y emitió un especie de chillido ahogado. Repentinamente, salió corriendo hacia un claro del bosque. Yo fui tras él para pedirle perdón, pero el cerdo hacía caso omiso a mis disculpas. Al llegar al claro pude ver una casa de madera semejante a la derribada. El cerdo paró en seco ante la puerta de entrada y golpeó con las pezuñas con desesperación contra la puerta. De pronto, se abrió y el cerdo penetró en la casa a toda velocidad. Cerró la puerta de un portazo y echó la llave.Yo pude parar justo a tiempo para que no me estampara la puerta en el hocico. Con este gesto, volví a sentir un cosquelleo y, sin poder evitarlo, estornudé de nuevo. Otra vez sentí cómo tembló la casa y se desmoronó. Dentro había dos cerdos sentados alrededor de una mesa de cristal. Me miraron espantados e incluso pude ver cómo se dilataron sus pupilas. Salieron corriendo y desaparecieron de entre los escombros como una exhalación. Les perseguí, cada vez más avergonzado del resultado de mi alergia.Cuando llegamos a otro claro cercano, descubrí otra casa, pero ésta era de ladrillos y cemento. Los dos cerditos golpearon con desesperación la puerta y, cuando ésta se abrió, entraron escopetados y cerraron con una rapidez admirable. Yo estaba cada vez más confuso y les pedí por favor que me abrieran porque tan solo quería disculparme. Los cerdos no me creyeron. Aguardé en la puerta esperando a que salieran creyendo que me había marchado, y es que a mí, cuando se me mete algo en la cabeza, no hay quién me lo saque.

Estuve esperando un buen rato y, de pronto, me di cuenta de que venía un cazador a todo velocidad en dirección a donde estaba yo. Llevaba consigo una escopeta con la cual, no me gustaría tener que volver a tratar nunca. Me levanté de un brinco e hice lo primero que se me pasó por la cabeza: subirme al tejado de la casa. No entiendo cómo, pero pero lo hice. Estaba yo en el tejado cuando el cazador disparó un disparo que por poco me dio. Perdí el equilibrio y caí por la chimenea. me di un terrible costalazo contra el suelo del salón y, tras un momento de aturdimiento, vi a los tres cerditos muertos de miedo en un rincón. Yo me acerqué cuidadosamente y les dije que no tuvieran miedo, que no iba a hacerles daño. Esto parece que les tranquilizó un poco y les conté lo realmente ocurrido. Tras una breve pausa, los tres cerditos se miraron entre sí con miradas de complicidad. Uno de ellos se adelantó unos pasos y me dijo que si quería salir ileso de allí, tendría que decir que les perseguí porque quería comérmelos y que no estornudé contra las casas, sino que las derribé a propósito. Yo reí sin ganas porque en el fondo sabía que tendría que aceptar las condiciones. Los cerditos admitieron que fueron ellos los que llamaron al cazador para acabar conmigo y que no le dirían que se fuera hasta que jurase hacer eso. Yo estaba furioso, impotente, acorralado. La rabia corría por mis venas. Apreté las garras y decidí aceptar. No me quedaba más remedio. Los cerdos, pasado un tiempo, decidieron escribir la historia, pero con la versión inventada. Registraron la obra y la pusieron a la venta. Resultó ser un "Best-seller" durante mucho tiempo.

Más de una vez pensé en llevarles a los tribunales, pero siempre he acabado desechando la idea, porque nadie me tomaría en serio. Y ni siquiera sé si vosotros me creeréis, pero eso es algo que ya no me importa. Como os he dicho al principio de esta historia, yo soy un animal solitario. Uno se acaba acostumbrando a que la gente no quiera saber nada de él por una tonta historia que ni siquiera es verdad. Si os soy sincero, desde ese día no he vuelto a comer cerdo. Creo que acabaré siendo vegetariano...
Fuente: Elotrolado.net

Bueno, ahora que leimos el punto de vista de cada uno, ¿a cual le creemos? ;)
¡¡Falsos prejuicios!! 


Hoy fui a participar de un “Foro internacional para le fomento de los libros y la lectura” algo particularmente nuevo para mi, no sabia bien con que me iba a encontrar. Me imagine un montón de gente mayor a 40 y algún que otro joven de lentes gruesos y espalda encorvada con grandes actitudes antisociales. Así que me fui vestido de manera intelectual pero tratando de no llamar la atención, me dije “vamos a probar ir, y si me siento incomodo me levanto y me voy”. 

Subo al auto, manejo unos 20 minutos, llego al foro, bajo dejando mi cuaderno de anotaciones en el auto porque no estaba muy optimista de quedarme. Pero al llegar a la entrada, veo gente bien variada, de todas las edades, digamos que un 30% mayores de 40 uno 40% de mas de 30 y un agradable otro 30% de gente joven de 18 años para arriba. Eso hizo que me alegre estar equivocado y no tener nada de razón en mi falso prejuicio, y mas equivocado estuve aun cuando veo que toda esa gente joven no era ni gente jorobada, tampoco tenia anteojos gruesos ni parecían inadaptados sociales. Era gente normal, o casi normal, porque a diferencia del común de la gente, esta estaba interesada por la lectura, por los libros, por saber, lo que sea, pero saber.

No era la misma gente que cruzaba en una fiesta y a diferencia de estas en la que conozco todo el mundo, aquí irónicamente parecía yo el inadaptado social, porque estaba solo mientras los grupos hablaban y reían, así que termine siendo el patito feo dentro de la manada, eso solo paso la primera parte de la jornada, porque luego se acerca una mujer de mi edad y como la sala estaba llena por la conferencia de un gran autor ecuatoriano me invita a sentarme con ellos porque había un lugar vació, así que me senté, hable con ellos.

En ese momento me di cuenta de un par de cosas importantes, la primera que la literatura es indiscriminada, llega a todos los niveles y a todas las personas, segundo que en los círculos de lectores existe el mismo tipo de gente que puedo encontrar en una fiesta solo que estas con menos maquillaje, sin tanto filtro social, naturales, cultas y no por eso menos divertida que cualquiera, la tercera cosa que note, es que me llegaba a sentir mas cómodo con ese tipo de gente que comparte gustos parecidos a los míos y que lejos de ser antisociales, hablan igual o mas que yo, por ultimo me di cuenta de que al llegar al foro cargado de prejuicios termine siendo yo el tipo raro, yo llegue creyéndome el chico cool que estaba por encima en alguna manera de ellos, nunca pude estar mas errados, me demostraron que ellos no solo son cool, son cultos, divertidos, son naturales. Ellos en verdad estaban por encima de mi. Por suerte se reconocer mis malas actitudes, se aprender de mis errores, se integrarme y adaptarme y al terminar la jornada no solo hice muchos compañeros con amplias posibilidades de convertirse en amigos, sino que frente a los ojos del común de la sociedad salí siendo uno mas de esos chicos encorvados con lentes gruesos y me sentí feliz de ser así!


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¡¡¿Y que paso con el loro?!!


Cinco de la tarde de un viernes veraniego, yo sentado en la PC escribiendo algo como esto, y de repente un chillido molesto me hace recordad que hace unos días atrás por insistencia persuasiva de mi hermano menor, trajeron un loro a mi casa, bueno nunca supe si era loro o cotorra, la diferencia debe ser mínima, pero eso no viene al caso.
La cuestión es que el sonido molesto era ese animal se plumas verde suplicando alimento, como preso en la cárcel, y yo solo en mi casa, como buen samaritano, y un poco para que no moleste mas me levanto y busco que darle de comer, pero, ¿que le doy de comer? Claro es fácil pensar en “pepe quiere papa” o “la galleta para pepe” pero si no encuentras papa, ni pan, ni galletas, ¿que le das de comer?. Y como todo cyberadicto o Geek como se dice en la actualidad “Pienso, luego Google”. Me voy a la computadora abro Internet Explorer (no me culpen no conocía Firefox en esa época -.- ) pongo el buscador que todos amamos y escribo “¿que darle de comer a un loro?” a lo que en “(0,27 segundos) aparecen Aproximadamente 174.000 resultados” y agarro a mirar esa previa que dice debajo de cada resultado, un fragmento de texto que describe lo que hay adentro de la pagina que coincide con lo que busco, así que miro la primer web que aparece, y es de un foro, que en su contenido rezaba algo mas o menos así. “A los loros pequeños a la hora de darles de comer, la papa les encanta… las galletas los fascina y el perejil los mata!...”, el texto se cortaba ahí.
Yo como todo lector descuidado o por un gran error de sintaxis o comprensión, y haciendo mal uso de la lógica, entiendo que si la papa les encanta y las galletas les fascina, el perejil los mata, pero de felicidad, del gusto, como quien dice por ahí “esa mujer me mata” o “esta hamburguesa esta buenísima pero las papas fritas que las acompañan te matan del sabor”. Y ¿adivinen que?, mi heladera no tenia papa, ni pan, ni galletas, pero si tenia unos verdes, frescos y grandes ramilletes de perejil rozagantes y listos para ser victima de la primer boca o en este caso pico que encuentren.
Así que satisfecho conmigo mismo por hacer una buena acción, voy, agarro unas hojas de perejil y se las llevo a el pobre loro muerto de hambre, va muerto iba a estar mas tarde si tocaba esas hojas… Se las pongo en su jaula y me voy a sentar frente a la PC nuevamente, allí es donde interviene la mano divina de Dios haciendo que se escuche el sonido de llaves en la puerta y entre mi madre la cual después de dejar su bolso al lado de la jaula del loro se da cuenta de esa cosa verde que ahí dentro y me pregunta con un tono de voz grave “!Le diste perejil al loro, ¿Qué, lo queres matar?¡”.
Houch! en ese momento me doy cuenta de que lo que había interpretado yo estaba mal, el perejil los mataba pero no del gusto, los mataba en serio, era veneno, en derecho se llamaría asesinato culposo, entendí todo mal y por eso iba a matar a un animal inofensivo, que me molestaba, si, es verdad, pero no tenia la culpa el pobre pajarito.
La cuestión que el loro no tubo tiempo de tocar el perejil así que fue un final feliz para el, por lo menos hasta que un mes después el gato se lo termino comiendo, pero bue como en destino final si te tienes que morir, morís, al menos ahí ya no fue mi culpa.
Lo que si a partir de ese día aprendía algo nuevo que me va a marcar para el resto de mi vida, el perejil mata a los loros, la duda que me queda es ¿matara a las cotorras como a los loros o esa será la diferencia entre un pájaro y el otro? Por las dudas mejor no intentemos averiguarlo. :)



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